01 · 11 · 2009
∞ Permalink
¿Alguna vez les he contado porqué dejé de comprar periódicos? Sí, les he soltado el rollo de que prefiero informarme confeccionando mi propia selección de noticias y artículos de opinión desde el Google Reader, pero no creo haber mencionado nunca cuál fue el detonante que me llevó, ahora hace más o menos un año, a prescindir por completo de la prensa escrita.
La cosa es de lo más idiota, en realidad: yo conseguía siempre la prensa en el quiosco del barrio, un local donde había una gente bastante entrañable que conocía desde hace largo tiempo. Un buen día, el propietario decidió prescindir de los servicios de esa familia y puso en su lugar a un sujeto bastante vago, huraño y muy muy lento a la hora de entregar algo tan simple como un suplemento dominical. El tipo montaba unas colas descomunales los domingos por la mañana, y supongo que si la clientela no cambiaba de quiosco era porque llevaban acudiendo a aquél toda la vida (como yo) y les costaba romper la fuerza de la costumbre. Los compradores ocasionales aguantábamos porque nos venía de paso cuando íbamos a comprar el pan, y lo cierto es que por un par de días a la semana tampoco suponía un esfuerzo extraordinario. Pero ahora hace un año, un sábado en el que no había gente, decidí que compraría junto con el periódico un libro para regalar. Le solicité amablemente al dependiente que me lo envolviera y el tipo, con toda la tranquilidad del mundo, me cortó un trozo de papel de regalo y me invitó a que lo envolviera yo mismo en mi casa, que justo entonces acababa de entrar otro cliente y no tenía tiempo.
Ésa fue la gota que colmó el vaso. Como la idea de abandonar la prensa escrita ya llevaba tiempo rondando por mi cabeza, decidí que aquél era el día perfecto para empezar con ello. Pagué, me llevé el papel de regalo (realmente necesitaba obsequiar aquel libro) y jamás volví a pisar ese quiosco. Tampoco es que estuviera muy indignado pero pensé que si al dependiente le importaba un comino su clientela tampoco iba yo a facilitarle las cosas: simplemente un pequeño gesto para que se diera cuenta de su actitud.
Esta mañana, al ir a comprar el pan, he pasado por delante del quiosco y he caído en la cuenta de algo en lo que no me había fijado, pero que ya hace días que está así: la persiana bajada y un cartel colgado. Me he acercado a leerlo: "se traspasa". Una pena, porque era un establecimiento de barrio, de los de toda la vida, pero si me preguntan la causa del cierre yo la tengo bastante clara. Mientras pensaba en ello, he acudido a la panadería, hoy algo más vacía de lo habitual. Justamente la semana pasada un altercado que tuvo un señor con la panadera le hizo proclamar en un tono de voz muy airado: "¡acaba usted de perder un cliente!" No describiré la trifulca pero baste decir que el hombre llevaba bastante razón. Yo mismo vi a dos personas de la cola marcharse tras él indignadas. Yo, por un par de días a la semana que voy, tampoco pienso cambiar de panadería, pero ahora me pregunto si las circunstancias no me obligarán a tener que hacerme con mi barra de pan dominical un par de calles más abajo.
[5]
29 · 10 · 2009
∞ Permalink
Ha llegado el momento de atacar ese programa al que todos se apuntan pero que sólo les sirve para montar reuniones con antiguos compañeros de clase y abrir "galletitas de la suerte", o al que nadie se apunta porque afirman que es una chorrada que no casa bien con su elevado nivel cultural. En realidad ni lo uno ni lo otro y, sí, estoy hablando de Facebook.
Sabido es que esta red social empezó en el seno de una universidad americana para conectar a los amigotes y que a partir de ahí se fue extendiendo a la velocidad de la luz por todo el mundo. Por tanto, era lógico que al principio la red se usara únicamente para contactar con amigos "reales" con los que departir e intercambiar fotos de los viajes, las fiestas y los críos (dependiendo de la edad de cada usuario) y para montar quedadas a gran escala. Poco a poco el protocolo Facebook fue permitiendo la inclusión de aplicaciones y se convirtió en una plataforma para desarrolladores: así nacieron las infames galletitas de la fortuna, los mordiscos de vampiros, las Mafia Wars y toda una serie de spam de lo más cutre que sólo servía para perder el tiempo en las horas de oficina.
La cosa es que alguien se dio cuenta de que esto tenía bastante más potencial, no en vano es la red social con más usuarios del planeta (dejando a Twitter a la altura de la suela de su zapato), y se decidió a impulsar proyectos basados en Facebook, con aplicaciones más sofisticadas (¿sabían ustedes, por ejemplo, que
pueden sincronizar sus eventos de Facebook con su Google Calendar?) y, sobre todo, las dichosas páginas. ¿Qué son las páginas de Facebook? Pues al principio eran tonterías, como todo lo que se hace allí, pero de un tiempo a esta parte se han convertido en reflejos de otros blogs o webs y van suministrando material de lectura de lo más interesante, hasta el punto en que mi Facebook está convirtiéndose en el sustituto perfecto del Google Reader. En New Comm Biz las llaman
los nuevos microsites, dando a entender que todo el mundo que es alguien hoy en día en internet tiene su paginita en Facebook y, en muchos casos, esta página se está convirtiendo en el sustituto natural de su web o blog. De momento conviven ambas opciones, pero ahora mismo yo puedo leer mis blogs tecnológicos
tanto por el GReader como
por Facebook, pues las actualizaciones salen automáticamente en ambas partes. Lo mismo con la prensa (
El País, por decir una publicación, o
Vilaweb, por decir otra) y
webs de blogueros interesantes.
La gracia del asunto consiste en saber configurar los filtros para no desvirtuar el invento y tener que oír aquello de "eres más falso que un amigo en Facebook", en referencia al elevado número de conocidos que atesoran algunos perfiles. Primero hay que coger los contactos y dividirlos entre las amistades "reales" y las "virtuales" desde nuestra página de configuración, y decidir quién puede ver qué. Después, agrupar las páginas por contenido (blogs, tecnología, noticias, etcétera), teniendo en cuenta que cuando uno se hace "fan" de una página ésta no aparece en el grupo de amigotes. Finalmente, cuando se llega al feed de inicio de Facebook, decidir qué se quiere leer en ese momento, y desde la barra lateral izquierda seleccionar: ¿quiero leer noticias deportivas? Muy bien, sección "deportes" y a ver qué dicen de lo de Alcorcón en el
Marca y el
As. Luego nos enteramos del último escándalo Laporta en
Mundo Deportivo o en
Sport y, lo más divertido, vamos comentando las noticias con los demás usuarios. Todo ello actualizado al minuto, claro. Al final Facebook se convierte en una fuente de noticias (nuestro "periódico digital" personalizado), en una forma de conectar con bloggers y usuarios que tienen intereses similares al nuestro y, cómo no, en nuestra agenda de contactos extraviados de la infancia.
Y todo esto desde una web que la mayoría de la gente sigue creyendo que es una tontería. Y esperen, porque ya se están desarrollando juegos para Facebook (de los de consola, no las cutradas de los mordiscos de vampiros), bases de datos, herramientas ofimáticas... En fin, el auge de esta red social parece imparable. Yo que ustedes me apuntaría, escogería un nombre chulo de página (los mejores ya se están agotando) y empezaría a trastear. No descarten que en cuatro días las discusiones que tenemos en este blog las acabemos desarrollando en Facebook.
[16]
27 · 10 · 2009
∞ Permalink
Otra víctima de la crisis económica y de la de los medios en particular,
Soitu anuncia hoy el fin de sus actividades. Una lástima, porque era uno de los pocos medios
online independientes que merecía una visita ocasional. De toda la parrafada, me quedo con este extracto:
Estábamos convencidos (y lo seguimos estando, quizá hoy más que nunca) de que el valor de los periodistas en este nuevo escenario tecnológico permanece pero debe cambiar radicalmente su forma de trabajar.
He aquí la cuestión, sin duda. ¿Cómo monetizar una actividad que, al igual que sucede con la música, la tecnología ha terminado por abaratar hasta extremos insostenibles para la industria tradicional? Si esta gente, que contaba con el respaldo del BBVA, no han podido tirar adelante, ¿qué les espera a los medios que deben financiarse solitos? ¿Y qué les espera a todos los que salgan de la facultad con un título de periodista bajo el brazo? Que la profesión periodística está chunga parece una evidencia, pero también lo está la del transporte (se lo digo por experiencia) y no por ello andamos todo el día quejándonos de la crisis. Los tiempos han cambiado de golpe, y me parece que la sociedad aún no ha asimilado del todo la que se nos viene encima. Créanme, los que somos autónomos y empresarios ya le vemos las orejas al lobo, pero los que son asalariados y que pasan los días en su oficina esperando a cobrar a fin de mes serán los siguientes en caer, no lo duden. Cuando las barbas de tu vecino veas quemar...
[2]
27 · 10 · 2009
∞ Permalink
Esta entrada en kottke.org me ha hecho reflexionar sobre un tema que hasta ahora no se me había ocurrido. Jason Kottke sostiene que los lectores de libros electrónicos deben cambiar su formato porque la gente no lee únicamente libros. Tan acostumbrados estamos a los cacharros que hacen de todo, con móviles que parecen ordenadores y ordenadores que parecen televisores, que un trasto que
sólo sirve para leer libros en formato electrónico parece desaprovechado. Según él, habría que facilitar desde la lectura de libros a la vieja usanza a la de blogs, revistas,
feeds RSS y webs de todo tipo, acercando el prototipo ideal al universo de los
smartphones.
Todo muy lógico, claro, pero inevitablemente esto comportará a medio plazo un cambio en los hábitos de lectura de la población. Es una evidencia que hoy en día se lee poco. Incluso a alguien como yo, ávido consumidor de novelas de todo tipo, le cuesta encontrar tiempo para zamparse un libro de los gordos tranquilamente sentado en un sillón y con música de fondo. Demasiadas distracciones, demasiado contenido en internet, demasiadas películas y series que bajarse. No sé si les sorprenderá cuando les digo que me he leído bastantes libros a través del móvil o del dispositivo portátil de turno (esa vieja Palm...), y que incluso en alguna ocasión he echado mano de la versión "doc" de un libro (bajado de internet) para leer algún capítulo suelto desde el ordenador en caso de apuro. Si encima el cacharro desde el que accedo a mis libros me permite el acceso al Google Reader, al Twitter o a todo un universo de blogs ya ni les cuento: con tanto multitasking el número de volúmenes leídos tenderá a bajar de forma alarmante.
Ya ni les cuento lo que le ocurrirá al resto de la población, que no es que ya no vean películas de dos horas porque se les hacen largas sino que en muchos casos no toleran nada que supere los dos minutos de un vídeo Youtube estándar, y que cualquier texto que les suponga una inversión de tiempo mayor que la que ocupan en repasar los blogs del día quedará descartado automáticamente. De hecho, las entradas en los propios blogs tienden a acortarse porque de lo contrario la mayoría del público no las lee (echen un vistazo por la blogosfera y se darán perfectamente cuenta de esta tendencia).
No sé porqué, pero intuyo que a medida que a los ebook readers se vayan sofisticando el índice de lectura de la literatura convencional irá cayendo en picado.
[13]
26 · 10 · 2009
∞ Permalink
Vaya, Facebook ya está meditando dónde cuernos meter a todos los fallecidos que se apuntaron en su día a la red social. Si el servicio pervive, en medio siglo esto puede parecer un cementerio. E incluso tal vez llegue el día en que haya más muertos que vivos.
Inquietante pensar que a uno le recordarán por las paridas que ha escrito en su Facebook, ¿no? Tendré que replantearme mi página...
[13]
24 · 10 · 2009
∞ Permalink
Hay una versión más marchosa a cargo de Sunday Radio.
Ambas excelentes.
En fin, música de sábado por la tarde...
[3]
23 · 10 · 2009
∞ Permalink
Esta vez trata de las películas, de cómo algunas de tan malas que son terminan siendo buenas, y de cómo las que pasan ese umbral merecen la extinción cinéfila.
[1]