Nov 21
Soy un bicho de ciudad, eso está claro. No es que no me apetezca de tanto en tanto una excursión por el campo o tumbarme en una playa, pero si alguien me pregunta cuál es mi pasatiempo favorito ése sería pasear por el centro de cualquier ciudad y perderme por callejuelas mientras voy cavilando. Una actividad tan sencilla como andar de una punta a otra de la ciudad, pensando en voz baja y mirando de reojo las tiendas y los carteles que vas dejando atrás, no sólo resulta relajante y despeja la mente sino que encima es beneficiosa para la salud. No es de extrañar que cuantos más años lleve paseando más me guste el asunto. Y si algo te da la veteranía de paseante es el poder, con un simple vistazo, distinguir de entre los que te cruzas a los que son paseantes como tú (es decir, disfrutan tranquilamente de la actividad) de los que van de un lado a otro con prisas, un rumbo fijo y normalmente recorren distancias cortas.
Recientemente he detectado una cierta actitud entre los paseantes "profesionales" que ignoro si existía antes, pero de un tiempo a esta parte cuando dos aficionados a las caminatas urbanas se cruzan y se reconocen se dedican una sonrisa, una expresión facial de compañerismo e incluso un saludo (a veces se trata de una simple inclinación de cabeza). Es curioso, porque hasta ahora esto sólo me había pasado con la bici (cualquiera que coja la bicicleta el fin de semana y adelante a otro ciclista verá que en seguida es obsequiado con un "hola" o un "buenos días") o haciendo
footing por la Diagonal (resoplando y de mala manera, pero en muchos casos se escapa un saludo entre dientes). Pues bien, ahora tambien me ocurre con los paseantes.
Será porque los médicos lo recomiendan cada vez más o porque la gente no tiene tiempo de ir al gimnasio y optan por esta modalidad para rebajar kilos. O a lo mejor es que lo de ser paseante otorga un cierto estatus, porque deja entrever que eres un tipo ocioso y que en tiempos de crisis puedes permitirte el lujo de desgranar las horas deambulando sin rumbo por las calles de tu ciudad. En todo caso, y aun ignorando si esta situación se ha venido produciendo desde siempre, poco a poco, mientras se va estableciendo una cierta complicidad entre los caminantes vocacionales, vamos tomando todos conciencia de que somos miembros de un mismo club. Nada selecto, exclusivo o elitista, pero sólo apto para los que aprendan a tomarse la vida de una cierta manera.
Nov 20
Por si no se han enterado (lo cual sería imperdonable) ayer Google lanzó a bombo y platillo el esperadísimo Chrome OS, el sistema operativo de la casa que pretende plantar cara a los gigantes Microsoft y Apple. Una descripción detallada la encontrarán en este post de Gizmodo, pero así a grandes rasgos ya les anticipo que se trata de un sistema operativo basado en un navegador, el Google Chrome. Dicho de otro modo: si ustedes se bajan el navegador y le instalan las extensiones de sus programas favoritos, ya tienen en su ordenador el que dicen será el sistema operativo del futuro.
Obviamente, los de Google no son tan tontos como para sacar a la palestra un sistema operativo sin más para que el usuario se lo descargue, sino que ya preparan una línea de netbooks (en primera instancia) que lo llevarán de serie. Al tratarse de un sistema operativo tan sencillo, el ordenador arranca en 4 segundos (vean
este Youtube explicativo), lo cual deja a la competencia en bragas. A partir de ahí, a ver qué tal resulta la experiencia. Para hacerse una idea de cómo será el Chrome OS (no es exactamente el navegador puro y duro) mejor echen un vistazo rápido a este vídeo y juzguen ustedes mismos si vale la pena abandonar sus sistemas operativos de toda la vida en favor del de Google:
¿Qué? ¿Les ha gustado? Antes de emitir un juicio precipitado veamos las implicaciones que arrastrará consigo la implantación de Chrome OS en la sociedad (teóricamente, claro):
- Abaratamiento del precio de los ordenadores: sí, aún más. De entrada porque ya no hay que pagar la licencia a Microsoft (ya saben que cuando compran cualquier ordenador están pagando un sobreprecio por tener el Windows preinstalado), y después porque las máquinas necesitarán menos recursos. Entre otros, no hará falta disco duro.
- Adiós a las aplicaciones: nada de bajarse un programa para instalárselo. Todo, todo desde internet. A trabajar en la nube y a olvidarse de almacenar programas y datos de forma local (detecto la expresión de pánico entre algún lector ahora mismo). Como decían ayer en TechCrunch, "Chrome OS is all about making Web apps the only apps you will ever need".
- Internet tendrá que ser forzosamente mucho más rápida, dado que tendremos que trabajar permanentemente online. Ignoro si será a través del famoso protocolo HTML5 o acelerando los motores Java de los navegadores (más vale que Firefox vaya poniéndose las pilas o quedará fuera de mercado), pero alguna variación tendrá que haber si queremos que un ordenador con sistema operativo virtual se haga realidad.
- Las aplicaciones de Google van a tener que mejorar mucho. Si pretenden que sustituyamos MSOffice por Google Docs más vale que vayan añadiendo prestaciones a su suite ofimática, o no habrá manera de que la gente cambie. En este sentido Dave Girouard, responsable de la división corporativa de Google, ya ha dicho que tiene tantas actualizaciones pensadas para Docs en el próximo año, que quienes quieran podrán “prescindir” de Microsoft Office completamente.
- Hará falta un cambio radical de mentalidad entre los consumidores, la mayoría muy reacia aún a dejar sus archivos esparcidos por la red.
- La irrupción del gPhone: obviamente y como he dicho antes, no sirve de nada sacar un sistema operativo sin un hardware asociado. Lo de los netbooks está bien para empezar, pero un sistema operativo así debe implantarse en todo tipo de dispositivos, entre ellos los teléfonos móviles. No es casualidad que apenas dos días antes del anuncio del Chrome OS en Google ya hablarán de la aparición de este dispositivo de forma inminente. ¿Podrá competir con el iPhone? Veremos, pero hay que pensar que mientras que el sistema operativo de Apple sólo funciona en sus dispositivos, el Chrome OS en teoría podrá enchufarse en cualquier teléfono basado en Android, llámese gPhone, HTC Diamond o Sony Ericsson. Lo que es seguro es que estos terminales serán más baratos (por lo mismo del punto 1) y que el sistema operativo es abierto y libre, con lo que los desarrolladores podrán trastear a sus anchas sin las restricciones de la App Store.
Intuyo que el panorama va a cambiar bastante en los años venideros, sobre todo si el movimiento de Google tiene éxito. De momento quedamos a la expectativa, pero no sería descartable que en cuatro días todos funcionemos con un netbook barato que conectaremos a una pantalla para que ejerza de ordenador de sobremesa (la tele del comedor también sirve) y que llevaremos a todas partes sin miedo a que se rompa o nos lo roben, dado que toda la información quedará almacenada en la nube. ¿Será Chrome OS lo que los americanos llaman un
game changer?
Nov 19
En el futuro, un famoso morirá cada quince minutos. Ya está sucediendo. El ascenso de las microcelebridades, el ciclo de noticias que dura 24 horas, el periodismo ciudadano y nuestras fantasías más oscuras chocan ahora mismo en Twitter. La pregunta de esta web “¿Qué estás haciendo?” a veces se asemeja más a “¿Quién ha muerto hoy?"
No es el único artículo que empieza a preocuparse por la muerte en el universo de las redes sociales. Yo mismo me lo pregunté hace tiempo cuando escribía en mi primer blog (¿alguien se temerá lo peor si un buen día dejo de publicar?), y esta mañana ha llegado a mi Google Reader la última vuelta de tuerca al asunto.
Todos sabemos que cuando palma un famoso, llámese Michael Jackson o Carmina Ordóñez, las audiencias de los programas de televisión que cubren la noticia se disparan. Luego llegan los especiales, los debates y demás. En internet todos somos algo famosos en mayor o menor medida, por lo que parece lógico que la gente sienta el mismo tipo de morbo respecto a sus contactos en el mundo de las redes sociales. Ya se habla de gente que va cazando necrológicas por Facebook, por ejemplo, y a veces me pregunto si la audiencia de un blog como éste viene más por ver si el autor cruza la última frontera pronto que por las historias que cuenta. Ojo, yo mismo no soy una excepción, que quede claro.
Cosas del género humano, supongo.
Nov 18
Vía Shooting at Bubbles me entero de un interesante concepto: el diario de un serial-killer en Twitter. Obviamente, más falso que un euro de hojalata, pero no puedo evitar preguntarme cuál sería la posición de Twitter sobre su publicación en el caso de que se demostrara que es auténtico. Aparte de llamar a la policía para que efectuara el pertinente arresto, claro.
¿Es lícito dejar abierta una cuenta con este contenido en Twitter SI fuera auténtica? Apasionante disyuntiva.
Nov 18
I Don’t Think People Expect To Pay For News Any More
Jay Adelson, CEO de
Digg, via
techcrunch.com
Imagino que estarán al corriente del desafío que recientemente Rupert Murdoch ha lanzado a Google, prohibiendo en un futuro próximo que el gigante de las búsquedas pueda indexar cualquier noticia que provenga de su imperio mediático. Lo que Murdoch pretende, en realidad, es que la gente pague por enlazar sus noticias, o que directamente pague por obtenerlas. En cualquier caso, y dada la crisis galopante que sufre el periodismo en todo el mundo, la iniciativa del magnate parece más un intento desesperado para salvar los muebles que una verdadera política empresarial.
Muchos deseamos que Murdoch dé el paso ya para poder certificar que el antiguo modelo mediático está caduco y prácticamente finiquitado. Y Adelson lo explica de un modo claro y sencillo. Porque aquí hay un factor que los empresarios mediáticos no consideran: cuando alguien no quiere pagar por algo (pongamos, un CD), la contrapartida es que "en teoría" no podrá disfrutarlo. Pero con las noticias es distinto: ¿sirve la amenaza de que "o pagas o te quedas sin noticias"? ¿Realmente las noticias son un bien lo suficientemente valioso como para que la gente se decida a pagar por ellas, viviendo como vivimos en la sociedad de la sobreinformación? ¿Realmente alguien cree que sin pagar dejaremos de estar informados?
Nov 17
Mi día perfecto consiste en sentarme en una habitación con una hoja de papel en blanco. Eso es el cielo. Eso es oro y todo lo demás es sólo una pérdida de tiempo.
Cormac McCarthy, via
online.wsj.com
Éste es el autor de La carretera, que cuenta con una adaptación fílmica inminente. Un tío que habla tal y como escribe, por lo visto.
Un genio.
Nov 16
El otro día en una reunión con conocidos sale el tema de la política. La conversación empieza con un repaso a las recientes corruptelas y escándalos financieros del país y deriva en una inocente pregunta: "¿a quién votaréis en las próximas elecciones?", como diciendo que estamos todos tan asqueados que ya no tenemos ningún referente político en pie. Dado que los integrantes del corrillo empezábamos a conocernos ese mismo día, todo el mundo adopta una pose discreta para no patinar en exceso, con comentarios del tipo "si es que no queda nadie honrado", "todos son unos impresentables", "ya veremos", etc. Nadie se moja hasta que uno se quita la careta y muestra su lado más guerrero: "¡qué narices! ¡los socialistas son una lacra y Montilla un sucursalista! ¡Aquí lo que hace falta es poner los cojones sobre la mesa e ir a por la independencia!". De pronto, todo el mundo empieza a exaltarse y en menos de dos minutos ya hay quien quiere a Laporta de presidente de la Generalitat, que si "es el único que los tiene bien puestos", que si "es el único que no se arruga por los comentarios de la capital" y demás. Yo alucino.
En ésas que aparece un señor de Madrid, que como ve jarana se apunta al cotarro, y en menos que canta un gallo ya la tenemos montada, "a ver si vuelve Aznar y os mete en cintura". Todo con un cierto tono de cachondeíto y tal, pero a saco. Sorprendentemente, un par más se quitan la careta también y se alían con sus tesis. Intuyo que en menos que canta un gallo alguno de ellos soltará un "¡con Franco vivíamos mejor!", dado el cariz que está tomando la conversación. Empiezo a sentir vergüenza ajena.
El debate va escalando en volumen e intensidad (siempre con un teórico buen rollito de fondo, pero ya me estoy imaginando las rajadas que van a pegar a espaldas de los demás a la que se disuelva el grupo) cuando, de pronto, alguien se dirige a mí y me pregunta: "¿y tú qué dices?", como si tuviera que ser el juez que proclama el desempate. Tócate las narices. Si hasta ese momento permanecía callado es porque a mí estas cuestiones me resbalan bastante. Sinceramente, soy un apátrida de cuidado y tengo el serio convencimiento de que sea quien sea el que se siente en la poltrona nos va a putear igual. Para mí los políticos van a la suya, los zaplanistas "estoy en esto para forrarme" campan a sus anchas, los sentimientos del populacho sobre temas identitarios y demás son las excusas que hacen servir para sus tejemanejes, y me parecen muy respetables las opiniones de cada cual (esto lo digo en serio). Puedo ser perfectamente amigo de un tío de derechas que de uno de izquierdas, de un independentista que de un soberanista, de un anarquista que de un totalitario. Me la sopla, de verdad: para mí las ideas políticas no son un factor, a no ser que estén tan radicalizadas que en verdad marquen el carácter de la persona. Por tanto, mi respuesta fue algo así como: "¡y yo qué sé! ¡si mande quien mande siempre es la misma historia!", volviendo pues a la casilla cero.
Silencio incómodo, miradas de desaprobación. Mi respuesta les acaba de hacer ver que todos llevan un cierto tiempo pasándose de la raya, pero veo en sus rostros una cierta decepción por haberles enfriado la juerga. Acto seguido, risotadas y comentarios de "¡éste es el más listo! Quiere ser amigo de todo el mundo y al final trincará de todos", "¿por qué no te metes en política, que harás carrera?". Alguien dice por lo bajini: "por culpa de éstos estamos como estamos" y al final la conversación se apaga. Dos horas después, sentado al volante de mi coche, no puedo desprenderme de la sensación de que al final todo el mundo me criticará a mí. ¡Qué difícil es ser moderado, caramba!

Nov 14
Si tengo que situarme en algún bando en la polémica RSS vs Twitter me pongo del lado del primero, porque me gusta seguir las noticias a través de Google Reader con calma cuando enciendo el ordenador. Tengo ahí acumulados los artículos pendientes, clasificados por temas y me los voy puliendo uno tras otro, compartiendo con la comunidad el que me parece interesante. Twitter, hasta ahora, sólo permitía tener un hilo ininterrumpido de anotaciones breves (titulares mezclados con comentarios personales) que desfilaban a velocidad de vértigo por la interfaz de nuestro ordenador: demasiado difícil seguir la pista a los artículos interesantes y separar el grano de la paja.
Pero desde hace quince días la cosa ha dado un pequeño vuelco: Twitter permite ahora clasificar los twits en listas diseñadas por el usuario, y no ha tardado nada en aparecer el primer portal dedicado a las mejores listas twitteras a las que suscribirse,
Listorious. Tanto si uno es fanático de la política, de los deportes o de la tecnología, este portal ofrece una recopilación de las mejores agrupaciones de usuarios en Twitter clasificados por temas y originalmente confeccionadas por otros usuarios del servicio. Por ejemplo,
una de periodistas españoles u
otra de los mejores analistas de medios. Incidentalmente, uno mismo puede confeccionar sus propias listas en base a sus aficiones, intereses personales o twitteros favoritos.
Y ahora surge la duda: ¿sigue siendo mejor Google Reader o con unas buenas suscripciones a nuestras listas podemos estar mejor informados? Sin duda el mayor problema de Google Reader es el efecto psicológico nocivo que tiene sobre el usuario la acumulación de noticias pendientes. Uno se conecta al cabo de tres días y se encuentra con más de 1.000 artículos por leer, y claro, o tienes cuatro horas o va a ser imposible prestarles la debida atención. Si le das al "marcar todos como leídos" te entra mala conciencia y piensas que no sabes usar el servicio. Si te das de baja de algunas fuentes de noticias para "aligerar" piensas que en el futuro te vas a perder cosas interesantes. Twitter funciona diferente: el hilo de noticias va desfilando y uno ya asume que no las va a leer todas, por tanto, nada de tener un número determinado acumulado por leer. Eso sí, tienes la seguridad de que si una noticia vale la pena va a aparecer varias veces en el hilo replicada por varios comentaristas, con lo cual las posibilidades de perdértela son bajas. El principal inconveniente era el desorden: demasiadas temáticas mezcladas y sin clasificar. Y esto mismo se resuelve con las listas, que son como los directorios/carpetas de Google Reader. Por tanto, yo ahora puedo suscribirme a las listas que me interesan, me doy un garbeo por ellas en cinco minutos y en seguida detecto de qué se habla en cada una de ellas. Una forma diferente de informarse, pero a la postre igual de efectiva.
Lo único que no me convence del tema es que, descontando las cuentas de Twitter "oficiales" (periódicos, productos, etc), un usuario de Twitter normal que hable de tecnología, por ejemplo, suele mezclar de tanto en tanto temas personales en su hilo. Con lo cual, o el tío es ultraprofesional o al final te tendrás que comer sus rollos sobre la novia o el café de las mañanas, que a nivel informativo posiblemente te aporten poco. Ahora mismo es el único inconveniente, pero confío que si los usuarios van comprobando que están en muchas listas y prestan atención a los títulos de las mismas, con el tiempo sabrán cómo los etiquetan en el universo Twitter y con suerte adaptarán sus twits a la temática que de ellos se espera.
Nov 13
¿No se han enterado aún de que los blogs han muerto? :)
Dejando de lado esta chorrada de afirmación, que vengo escuchando de un tiempo a esta parte cado dos por tres, me pregunto si realmente en la mayoría de casos los posts de ciertos blogs sólo sirven como pretexto para iniciar un debate eterno y trufado de off-topics (véase el mítico
Yoya). Si esto es así, ¿vale la pena seguir con el formato blog?
Posibles alternativas:
Siento sana curiosidad, y como sé que mi audiencia en general es bastante inmovilista escucharé atentamente sus argumentos.